PREGON DE NAVIDAD. HUESCA 21 DE DICIEMBRE DE 2.002

 

 

PRESENTACIÓN

 

Quien me ha invitado a venir aquí, conoce mi falta de oratoria, mi escasez de conocimientos históricos y algunas limitaciones más que vosotros  mismos  váis a constatar en seguida.

No voy a evocar cómo ha sido la Navidad a lo largo de los años, ni en nuestra Ciudad ni en otro lugar, sino que  desde  mi condición de oscense y desde mi vida misma, voy a proponer para la reflexión, algunos rasgos que me parecen propios de la Navidad.

Cuanto voy a decir no indica que sea fiel a todo ello, pero sí que intento y quiero serlo. Sería mejor por mi parte omitir algunas ideas y convicciones pero creo que algo se quedaría dentro de mí y hoy me han pedido que ordene un poco mis ideas, mi sentido de la vida y trate de responder a ello.

Este pregón no es solo mío:  está  realizado con algunas aportaciones de quienes me han ayudado en la trayectoria de mi vida, pero no por ello es menos personal por cuanto todo lo que voy a decir lo llevo dentro de mi desde hace muchos años y forma parte de mi vida misma.

 

La estructura de cuanto voy a decir no podría salir airosa en una prueba de méritos ni de conocimientos pero aun con estas deficiencias sí que os aseguro que cuanto voy a transmitiros es algo que pienso desde hace muchos años y que por este camino trato de seguir.

 

Voy a dividir este pregón en tres partes:

 

1.      Una de ellas versará sobre la dificultad de definir la Navidad

2.      La segunda girará alrededor de qué es en realidad la Navidad

3.      Y en la tercera, trataré de buscar los verdaderos signos de la Navidad, en un sentido amplio, en un sentido personal y en el ámbito concreto de nuestra Ciudad.

 

 

1.      SOBRE LA DIFICULTAD DE DEFINIR LA NAVIDAD

 

Es a la vez fácil y difícil definir la Navidad, y ello, porque su sentido profundo está demasiado mediatizado por nuestras vivencias personales y por todas estas manifestaciones externa que rodean a las fiestas navideñas.

La Navidad produce en cada uno de nosotros sentimientos contradictorios de alegría y de tristeza. Forma parte de ese andar lúcido y a tientas que es la vida, marcado por la debilidad y la oscuridad pero activado por la búsqueda y, en definitiva, por el gozo.

De una parte la Navidad es fiesta, felicitaciones, regalos, villancicos. Es además un momento entrañable de encuentro con los seres queridos y también a veces con la tierra que nos ha visto nacer.

 

Pero no es raro escuchar estos días a personas que se lamentan por la llegada de la Navidad. “A mi-dicen- no me gustan las navidades” o bien “ojalá hubieran pasado ya estas fechas”

Todos estos sentimientos obedecen a veces a una razón tan sencilla como el agobio que producen los preparativos festivos ; de esto saben mucho las amas de casa, siempre corriendo, que no llego, que tengo que realizar la compra, que van a subir los precios. Y todo por hacer la vida más grata a los suyos.

Otras veces son sentimientos de profunda tristeza, causados por la añoranza de los seres perdidos, por el hastío de tanta alegría prefabricada y sobre todo, por la percepción de la pobreza y la injusticia. 

En nuestro mundo hay muchas personas que no tienen qué comer, ni tienen techo, ni tienen tantas de esas cosas que a otros nos sobran. Para ellos la Navidad es motivo de tristeza. Hay hay hambre porque unos pocos tenemos mucho. En una charla, organizada recientemente en nuestra Ciudad por la plataforma de apoyo al emigrante oí una frase que decía: “El alimento, es un derecho antes que una mercancía”. No se si somos conscientes de la trascendencia que tiene esto y lo que haría cambiar al mundo si así lo entendiéramos.

 

Nuestra vivencia de la Navidad está también mediatizada, como antes decía, por las manifestaciones externas que rodean las fiestas navideñas, manifestaciones que tienen sus luces y sus sombras:

 

-         Las ciudades se engalanan, se llenan de luz y de músicas; todo ello nos ayuda de alguna manera a recordar que algo importante acontece en estos días: Pero habría que pensar cuál es la Buena Nueva que tales manifestaciones proclaman.

-         Nos intercambiamos felicitaciones de Navidad entre amigos y familiares expresando nuestro recuerdo y nuestro sentimiento de cariño, pero en ocasiones no pasan de ser un mero quedar bien.

-         La lotería de Navidad reaviva nuestros sueños. “Una gran suerte –nos dicen- nos espera en Navidad”, pero quizás la verdadera suerte es tener trabajo, personas queridas, un compromiso solidario.

-         Los anuncios de prensa y TV, con su visión edulcorada de la Navidad, con sus invitaciones al ocio y al consumo nos prometen la felicidad, pero al fin no nos dan más que una alegría transitoria. La persona se queda vacía.

-         Un anuncio navideño de una agencia de viaje propone: “Ciudades iluminadas y destinos soleados para despedir el año”. No estoy en contra ni puedo estarlo del viajar, pero no me encaja el trasfondo que hay detrás de este anuncio publicitario. Bien está el viajar con moderación y austeridad, según la escala de valores que cada uno tenga. Hay quien viaja a algunos países de Latinoamérica, Africa, etc. para conocer paraísos naturales y también los hay, quienes además de ello, lo hacen por conocer la realidad verdadera de países donde la Navidad no tiene rasgos humanos; otros lo hacen para hacer el seguimiento de programas de solidaridad a los que apoyan.

-         Leo en otro sitio: “Los planes de pensiones nos presentan la Navidad”. Es el gancho de alguna entidad utilizando estas fiestas y el fin del año fiscal.

 

 

Y así otros muchos anuncios.

 

Se mezclan tantas cosas en la vida que al final resulta difícil saber donde y cómo se sitúa cada uno y el verdadero sentido de cada una de ellas. Andamos por la vida a tientas, buscando un sentido, una luz que nos ilumine.

 

 

2.      QUÉ ES EN REALIDAD LA NAVIDAD

 

A la vista de lo que venimos comentando, es necesario que nos preguntemos qué es en realidad la Navidad. No podemos ver la Navidad con la mirada baja  puesta solo en nuestra gente y  en nuestra Ciudad en la que tan a gusto nos encontramos, sino que debemos enmarcar nuestra visión en un horizonte más amplio para que nuestro trabajo y vivencias alcancen su verdadero sentido dentro de la humanidad. Hemos de abrir nuestro espíritu hacia las dimensiones más profundas de la Navidad para, una vez escuchadas y pensadas, hacerlas nuestras. Las fiestas de estos días han de ser un toque de atención que año tras año nos recuerde esa utopía escondida en nuestro interior que a veces no se manifiesta y que todos podemos recuperar si así lo queremos.

La Navidad, ya lo sabemos, celebra el nacimiento de ese Niño Jesús que es Dios para los cristianos, un profeta para otras confesiones y una gran referencia humana para todos, ahora que tan pobres estamos de verdaderas referencias. Pero conviene reflexionar sobre el sentido trascendental de este acontecimiento

Todo nacimiento es una afirmación de vida, en lo que tiene de valor universal la vida misma. El jesuita Jhon Sobrino, decía: el valor más preciado que tiene la persona es el derecho a la vida y por tanto hay que respetar ese derecho por encima de todo.

Todo nacimiento conlleva además una transformación. De la misma manera que cuando un niño nace cambia la vida de la familia, transforma su modo de sentir proyectándolo al futuro, así también el nacimiento de Jesús debe romper esquemas en nuestras vidas y provocar en nosotros una transformación El sentido de esta transformación viene dado por el mensaje liberador de Jesús a favor del amor y la justicia: Dios Padre nos ha dado un niño, el niño Jesús para apoyar la causa de los pobres y ser Buena Noticia.

Hay que entender además la Navidad como un proceso, no como un fin, ni un día, ni una cena, ni una reunión de amigos. Entendida así la Navidad, la historia del hombre se convierte en un tiempo de gestación de proyectos de esperanza, de amor y de justicia.

La Navidad, finalmente, no solo acontece el 24 de Diciembre de cada año, sino que es Navidad cada vez que en cada una de las personas nace el sentimiento de la Navidad.

 

 

Entendida así la Navidad, puede abrumarnos la cantidad de situaciones en el mundo que no son signo de Navidad, he aquí algunas de ellas:

 

-         La lucha contra el terrorismo ha desplazado a un segundo término la solidaridad con los más pobres. No podemos dejar de mencionar los sucesos del 11-09. Como dice José María Alemany, tenemos que entender y gestionar el 11-9 desde una más profunda comprensión de lo que ocurre en el mundo y no entender y gestionar todo el mundo desde el 11-9.  No debe ser la excusa para reordenar el mundo de acuerdo con un plan establecido de antemano.

-         Los gastos militares detraen recursos de los gastos sociales y esto no es bueno. Las estructuras sociales se han debilitado.

-         La globalización se ha convertido en una maravillosa excusa para muchas cosas. Con la desaparición de controles y fronteras las grandes potencias financieras han encontrado campo libre para ejercer su competitividad y su prepotencia en todos los países del planeta, viendo así engrosados sus beneficios mientras otros se empobren.

Es impresionante pensar que en este mundo globalizado las desigualdades crecen y cada vez más gente muere de hambre:

A principios del siglo pasado la diferencia entre el 20% de la población más rica del mundo y del 20% más pobre era de 3 a 1 y hoy es de 80 a 1. No hablamos de millonarios sino del 20% de la población en la cual nos encontramos nosotros.

Un informe de la FAO da a conocer que en una hora mueren de hambre en el mundo 1200 personas y en 3 horas más que el 11-09.

-         La virulencia y crueldad de los conflictos así como sus causas producen impotencia para afrontarlos, se salen de los esquemas tradicionales de las guerras. Vivimos en una espiral de violencia de la que nos resulta difícil salir.

-         Los derechos humanos sufren una violación constante y masiva. El pasado día 10 celebramos el día mundial de los derechos humanos. ¿Qué supuso para cada uno de nosotros?

-         La ONU denuncia el saqueo del Congo por países vecinos y por 29 empresas multinacionales que son capaces de alinearse con grupos rebeldes y paramilitares para asegurarse el control de las riquezas, y por tanto del poder.

-         Los escándalos de algunas grandes empresas y de sus altos dirigentes, no son más que un reflejo de que el dinero y el poder han sustituido otros valores.

-         Si en Argentina 1500 personas no hubieran sacado del país cientos de millones de dólares, seguro que podrían vivir mejor la Navidad. Los niños se mueren de hambre por culpa de unos pocos, por la avaricia del dinero y del poder.

-         En Galicia, la irresponsabilidad de unos y la lentitud de reacción de otros han cubierto de negro no solo sus aguas y sus costas, sino también el futuro de un pueblo. Sin embargo, Galicia, los gallegos y quienes han acudido en su ayuda son la Navidad, triste y amarga pero conmovedora, alentadora y solidaria no solo a nivel nacional sino internacional.

 

Nosotros mismos somos la causa indirecta de muchas situaciones injustas pero también los actores que podemos cambiar el rumbo de las cosas a nivel personal, a nivel de Ciudad y tratando de influir allí donde se gestan los cambios en el mundo.  No son los estados los que determinan el sentido de la historia , sino los pueblos,  nosotros, con nuestro actuar día a día.

 

 

 

3.      CUALES SON entonces LOS VERDADEROS SIGNOS DE LA NAVIDAD. Trataré de mostrar algunos

 

3.1.- Signos de la Navidad, en un sentido amplio, y en un sentido personal.

 

-         Es Navidad cuando estamos abiertos a un cambio personal y a un cambio social. Hemos dicho ya algo de esto en el apartado anterior.

-         Cuando valoramos lo pequeño porque lo pequeño está al alcance de todos y de cada uno de nosotros, y porque de las pequeñas cosas salen las grandes. Las grandezas que no surgen de la solidaridad, de la justicia, del hacer unos al lado de otros, caen con la misma rapidez que han crecido. He aquí un signo de esperanza y alegría para nuestra Navidad, el valor de las pequeñas cosas. Recuerdo, en estos momentos a nuestro querido Obispo y amigo Javier Osés, para quien lo pequeño tenía un valor evangélico.

-         Es Navidad cuando damos un sentido humano a la vida que no se quede en la aceptación y el conformismo sino que nos convierta en actores de la humanidad, personas para el cambio, para la transformación de todo cuanto nos rodea. Solo así será posible la esperanza en el cambio personal y colectivo. La alegría, la madurez, la satisfacción, se dan con más intensidad cuando somos capaces de amar y de ser amados en un mundo mejor que hemos de construir entre todos.

-         Es Navidad cuando somos capaces de percibir el rostro y las huellas de Jesús en todo lo que en nuestro mundo hay de dolor pero también de justicia, amor y esperanza. Vivimos en el mundo de la imagen; lo que no se ve no existe y hay que ocultarlo. “En la medida en que seamos capaces de ver los invisibles, seremos capaces de hacer los imposibles” (son palabras de Jaime Mayor Zaragoza citadas por José María Alemany en su conferencia en Huesca días pasados). Para otros que no tengan estas convicciones religiosas, el rostro y las huellas de las personas serán también sus referencias en la vida.

-         Cuando rompemos nuestro aislamiento y empezamos a compartir la vida del otro y a identificarnos con él, es también Navidad.

Cuando en ese andar a tientas por la vida nos ayudamos unos a otros y ponemos la vida en común, crece la posibilidad de encontrar la luz. Quien esto no lo ve, se priva de los bienes que nacen de la colaboración y del amor.

-         No hay Navidad si nos quedamos solo con la celebración de una liturgia o de una fiesta familiar o de otro tipo, sin tener presentes a los hombres que sufren, luchan y mueren. El estar con los empobrecidos y los excluidos es la clave para vivir con lucidez y encontrar un sentido a la vida.

 

 

Quien es sensible al llanto de los pobres  muestra que lo humano anida en su fondo personal, que la solidaridad primordial no ha muerto con él. Para ir encontrando el verdadero sentido de la vida, hay que lanzarse a la causa de los otros, a hacer de sus intereses los propios. La  Navidad será una vivencia y no solo un recuerdo. A lo largo de la vida tenemos que irnos identificando con todo ello.

 

 

3.2.- Veamos ahora algunos signos de la Navidad, en  el entorno más cercano de nuestra Ciudad.

 

La Navidad llega a nuestra ciudad

 

-         Cuando nos esforzamos por transformar su realidad política, económica y social de manera que Huesca no sea una ciudad dormida sino una ciudad que evolucione con la vida.

-         Cuando prevalece la voluntad transformadora sobre la dejadez y la inhibición

-         Siempre que triunfan la alegría y la esperanza sobre el pesimismo y la dejadez

-         Cuando, para solucionar nuestros problemas, nos unimos todos con independencia del color político de cada uno. Y esto a nivel de amistad, trabajo e instituciones públicas. Deberíamos ser capaces de imaginar una Ciudad donde vayamos todos a una y donde para conseguirlo, no tengamos que hacer coaliciones. Es una utopía pero caminar en esta dirección es propio de la Navidad.

-         Cuando valoramos más lo público que lo privado. A través de las instituciones, donde lo público tiene una dimensión distinta de lo privado, la persona puede encontrar apoyo y defensa para desarrollarse como persona

-         Cuando nuestras autoridades gobiernan para resolver problemas y para ayudar a los que no tienen.

-         Cuando las personas que asumen la responsabilidad en nuestra Ciudad nos prometan solo aquello que puedan hacer y que esté en línea con algunas de las ideas que aquí he mencionado.

 

Llega la Navidad a nuestra Ciudad

 

-         Cuando valoramos lo pequeño por el valor que tiene la cercanía de las personas

-         Cuando felicitamos a nuestros seres queridos, a nuestros vecinos.

-         Cuando ayudamos a cruzar la calle a una persona, cuando atendemos a un transeunte, cuando nos preocupamos por esas personas que en los semáforos nos quieren limpiar el cristal del coche en vez de cambiar la mirada por no saber afrontar una realidad que clama.

-         Cuando atendemos a nuestros mayores en nuestras casas y no los aparcamos en hospitales y residencias para pasar las fiestas con más tranquilidad.

 

La Navidad llega también a nuestra ciudad

 

-         A través de todas esas personas, ocultas en el anonimato que se entregan a los sin techo, a los deficientes, a los ancianos, a los drogadictos, en tantas y tantas instituciones y centros como los que tenemos.

-         Hay instituciones, grupos, movimientos altruistas en nuestra Ciudad que regalan su tiempo para que la vida de las personas cambien y para que el mundo y sus estructuras sean diferentes.

-         Y qué podemos decir de ese gran regalo a la Ciudad que son las ONGs e instituciones similares, verdaderos artífices de la solidaridad. Los deberíamos conocer más y participar en ellas. Hay colectivos que trabajan en esta línea y cuando salen a la calle, son pocos y cuando realizan actividades son pocos también. Si los apoyamos más, nuestra sensibilidad será mayor y estaremos más cerca de poder ser actores en nuestra sociedad.

-         Cuando se crean microcréditos para que las personas desfavorecidas puedan cubrir sus mínimos vitales y puedan abrir una pequeña actividad. (Es una iniciativa que acaba de empezar recientemente en nuestra ciudad).

 

 

Son también verdaderos signos de Navidad:

 

-         Los esfuerzos para que los jóvenes y desfavorecidos tengan acceso a una vivienda digna y asequible. Cuando en nuestra Ciudad se realizan actuaciones reivindicativas pidiendo más más ayudas para quienes las necesitan: proyectos del tercer mundo, personas en situaciones precarias, etc.

-         La actuaciones destinadas a favorecer la inserción laboral de personas con dificultades para acceder al mercado de trabajo y otras actuaciones que por el desconocimiento o el olvido no soy capaz de mencionar.

-         Los gestos para acoger a los emigrantes no solo en la C/Goya y 4 Reyes sino en toda la Ciudad. La asociación “Mirando al Sur” y otras instituciones públicas están realizando en este sentido valiosas actuaciones para favorecer el encuentro de las diferentes culturas que tenemos ya en la Ciudad, de manera que haya una integración mutua y que no sean los que vienen quienes se tenga que integrar en la nuestra.

-         Si en nuestra Ciudad fuéramos capaces de disminuir la accidentalidad laboral, la Navidad llegaría a esas  personas que sufren las consecuencias de un accidente laboral. Es algo que está en nuestras manos, depende de nuestra conciencia en primer lugar y de los medios que queramos poner para evitar estas situaciones. Algunos tenemos en este campo más responsabilidad que otros.

-         Cuando los empleos son más dignos y los contratos de trabajo más propios de personas que de máquinas que sirven para trabajar, llega también la Navidad. Y también aquí, algunos tenemos en este campo más responsabilidad que otros.

 

Y también llega la Navidad:

 

-         Gracias al esfuerzo que hacen las confesiones religiosas para avanzar en el ecumenismo. Muchas de las guerras y situaciones conflictivas tienen su causa cuando se mezcla el sentido religioso, a veces fanático, con las necesidades y aspiraciones de los pueblos.

-         Cuando haciendo la paz en nuestro entorno, contribuimos a instaurar la paz en el mundo. Gracias a los colectivos por la paz y el desarme que nos recuerdan el camino a seguir.

-         Cada vez que en nuestras vidas y en nuestras instituciones evitamos el despilfarro y hacemos prevalecer el valor de la austeridad.

-         Cuando en nuestro trabajo, en nuestra familia, en nuestra empresa o institución no queremos ganar la última peseta sino que la dejamos para otro. De esta forma, el afán por el dinero dejará un pequeño sitio a la solidaridad, a la responsabilidad, y a todos esos valores que nos hacen ser más personas aún teniendo menos.

-         Cuando nos mostramos sensibles a los nuevos valores que emergen en nuestra sociedad. Más concretamente:

·        Cuando de acuerdo con el principio del desarrollo sostenible tratamos de hacer compatibles un desarrollo económico con un respeto al medio ambiente para dejar un mundo más humano y duradero a quienes han de venir.

·        Cuando las empresas incorporan a su estrategia empresarial y gestión, criterios de responsabilidad social, tratando de respetar y potenciar todos estos valores de los que estamos hablando esta tarde. Con la responsabilidad social, hemos de buscar en la empresa, la reconciliación de los aspectos económicos, medioambientes y sociales del desarrollo.

Y esto no solo para evitar las situaciones dadas en esas grandes empresas y comportamientos de sus dirigentes ya comentados, sino para darle a la actividad empresarial la función social que de hecho tiene, y que es la que le debe dar su verdadero sentido y su razón de ser.

 ( en anexo podemos ver ampliado este apartado)

 

Quizá también en la tranquilidad de la música que vamos a escuchar, descubramos otros elementos que nos ayuden a encontrar la Navidad.

 

Antes de que se haga el silencio y la música comience, querría terminar resumiendo todos los valores que he tratado de resaltar como propios de la Navidad: la familia, la amistad, el sentido religioso, el amor y la entrega al otro, el compromiso por el que nos convertimos en agentes de nuestra historia, la solidaridad y sobre todo la vida misma, esta oportunidad maravillosa para que los valores mencionados se hagan realidad.

 

La lista mencionada de signos positivos que hoy nos acercan a la Navidad, es mucho más larga, lo sé; y también sé que los signos negativos tratan de ocultarlos, de darnos la sensación de que el mal está por encima del bien. Pero al final de la oscuridad, aparece con fuerza la luz. En nuestras manos está el transformar las estructuras para que nuestra Ciudad y el mundo sean lo que deben ser, espacios de vida al servicio del hombre.

 

Si queremos hacer nuestros estos valores, hemos de fijarnos unos objetivos, por pequeños que sean y tratar de ponerlos en práctica. Para ello necesitamos de otras personas –la familia, los amigos, las asociaciones- que nos den fuerza, que nos interroguen a menudo y nos recuerden la opción de vida que hemos elegido. Mi profesión me hace recordar con frecuencia un dicho popular que todos conocemos: “un grano no hace granero, pero ayuda al compañero”.

 

Pero además tenemos el apoyo de Dios que para estar más cerca de nosotros nos dio al niño Jesús en la primera Navidad.

El profeta Sofonías nos lo recuerda con estas hermosas palabras con las que quiero terminar mi reflexión:

 

Yavé, tu Dios está en medio de ti,

¡Un poderoso salvador!

Él exulta de gozo por ti,

Te renueva por su amor;

Danza por ti con gritos de júbilo

Como en los días de fiesta

 

Gracias por vuestra compañía y vuestra paciencia para escucharme

Feliz Navidad para todos y en especial para aquellos a quienes no puede llegar la Navidad

Gracias una vez más a todos, a mi familia y amigos que me habéis ayudado a ordenar mis ideas y vivencias.