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Curso sobre
la Globalización

Contra
el pensamiento
único

Descripción breve de la globalización como segunda revolución del capitalismo

Contra el pensamiento único
Joaquín Estefanía
Alianza. Suma de Letras. Madrid 2000 (del prólogo)

 A mediados de la década de los ochenta, Francia exportó el concepto de pensamiento único. Se trataba de una teorización, desde la resistencia, a un modelo de política, la política de talla única, o la única política posible. Su centro de atención era la economía, pero a partir de la misma se desparramaba al conjunto de las actividades sociales. Cuando se escribió este libro (primera edición en 1997) ya existía suficiente contexto para analizar las consecuencias del pensamiento único. Hoy, traspasada la barrera del año 2000, ese contexto se ha ampliado y se observan, de modo más generoso, los intentos de salir de ese pensamiento único y de iniciar con soltura lo que Touraine ha denominado transición posliberal.

Desde la caída del muro de Berlín, en 1989, el mundo ha experimentado una serie de cambios gigantescos, a la par que enormemente acelerados. Es lo que se puede denominar segunda revolución del capitalismo. Esta posee una serie de características comunes, entre las cuales se pueden citar las siguientes:

Pero estas diferencias no se dan sólo entre distintas áreas geográficas, sino en el interior de cada sociedad. Pongamos por ejemplo el fenómeno de las stock options (derecho a comprar acciones de la propia empresa en el futuro, a un precio de mercado actual), que ha llegado muy recientemente a España, cargado de polémica. No me interesa ahora esa polémica, sino las diferencias salariales que, en el extremo, comportan. En Estados Unidos, país en el que las opciones sobre acciones están muy extendidas, la distancia en las remuneraciones entre el primer ejecutivo de una gran sociedad que cobra stock options y el último de sus empleados llega a 420 a uno. Esto significa que, si se hiciese la traslación a España, para un sueldo del más humilde empleado de, por ejemplo, 100.000 pesetas (que no es infrecuente en nuestro país), ese primer ejecutivo cobraría 42 millones de pesetas. Una diferencia salarial tal, independientemente de las consideraciones morales que dé lugar en cada uno, no es precisamente cohesionadora de la sociedad.

El presidente del Banco Mundial, James Wolfensohn, pronunciaba en octubre de 1998 una conferencia, titulada La otra crisis, en la que decía: "Mientras hablamos de crisis financiera, en todo el mundo 1.300 millones de personas subsisten con menos de un dólar al día; 3.000 millones viven con menos de dos dólares al día; 1.300 millones no tienen agua potable; 3.000 millones carecen de servicios de saneamiento y 2.000 millones no tienen electricidad... Hagamos algo para acabar con este sufrimiento. No nos detengamos en el análisis financiero. No nos detengamos en la arquitectura financiera. No nos detengamos en las reformas del sistema financiero. Ahora tenemos la oportunidad de entablar un debate global sobre todo ello, es cierto, pero también sobre los fundamentos del desarrollo."

Esta descripción nos hace matizar bastante lo afirmado al principio sobre la segunda revolución del capitalismo. La nueva economía se desarrolla en los países más avanzados, mientras que hay ciudadanos de las naciones más pobres que todavía han de entrar en la revolución industrial.

Otro ejemplo: véase lo que pasa con Internet. Pese a la compulsión que en los últimos tiempos se experimenta en España con este fenómeno, como si estuviese generalizado su uso, la realidad es que de los 6.000 millones de habitantes del planeta, apenas 2 50 millones, poco más del 4%, utiliza este sistema de información y comunicación. Evidentemente, los miles de millones de personas que no conocen el uso del teléfono o de la electricidad no pueden usarlo. Así se ha instalado otra división social entre nosotros: no sólo hay pobres y ricos, sino enchufados y desenchufados a la red.

Resaltemos, sin ser exhaustivos, otras situaciones dignas de conocer: las desigualdades mundiales han estado aumentando constantemente durante casi dos siglos; un análisis de las tendencias de largo plazo de la distribución del ingreso mundial (entre países) indica que la distancia entre el país más rico y el más pobre era de alrededor de tres a uno en el año 1820, 11 a uno en 1913, 3 S- a uno en 1950, 44 a uno en 197 3 y 72 a uno en 1992. Las 200 personas más ricas del mundo se están haciendo más ricas rápidamente: el activo de las tres personas más ricas es superior al PIB combinado de los países menos adelantados; el activo de las 200 personas más ricas es superior al ingreso combinado del 41 % de la población mundial. Una contribución anual del 1 % de la riqueza de las 200 personas más ricas del mundo podría dar acceso universal a la educación primaria para todos.

Todo ello nos lleva a una primera conclusión: seguramente, el modelo de capitalismo vigente, el capitalismo global, es el que más favorece el crecimiento y la productividad, pero es también el tipo de capitalismo que de forma más nítida genera inestabilidad en el sistema, socava la cohesión social y multiplica la desigualdad.

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