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Semejante es el Reino de Dios...
a unos baños públicos de un barrio humilde, donde acudían todos
los necesitados a lavar su cuerpo y enjugar sus congojas.
Con un corazón empapado de ternura,
su dueño acudía cada mañana a entregar las toallas y ofrecer sus cuidados
Este hombre tenía dos hijos:
el mayor, olvidando las atenciones de casa se marchó pródigo. Pero
cuando regresó, su padre hizo una fiesta y a él se le humedecieron las
entrañas de tal manera que recogió la toalla de la misericordia y se quedó en
los baños para siempre.
El pequeño, desvalido, era
objeto del cariño desbordante del
padre hasta el punto que su debilidad se transformó en fuerza de salvación.
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