LAS TEOLOGIAS FEMINISTAS, UNA SANA TERAPIA DE CHOQUE PARA EL DIÁLOGO INTRA Y EXTRAECLESIAL

Diana de Vallescar Palanca                                                 Zaragoza, 22/11/2003

 

El título me hacía pensar en lo que escuchas en distintos medios y al intentar captar su sentimiento respecto a nuestra iglesia, se capta que no hay un interés, que no perciben vida en la iglesia, que no significa nada para sus vidas. De otra parte, en los medios académicos oficiales, en los seminarios, etc., en la teología que se hace, existe realmente una desconexión de un sector bastante masivo y numeroso con nuestra iglesia, que realmente experimenta una carencia de vida, una especie de desanimación.

El Espíritu de Dios es siempre el que anima, el que devuelve el aliento, el que da vida, el que propone alternativas, el que propone esperanza. Si contemplamos el ámbito de los sacramentos, vemos que no generan vida nueva y sí transmiten en cambio un alto nivel de ritualización y de simbología; además, a mayor solemnidad, mayo tiempo de celebración. Algo está fallando en nuestra iglesia cuando su capacidad de vivificar no se logra.

Junto a esta falta de vivificación es importante ver cómo se gestan las teologías feministas para ver cómo el simple nacimiento de nuevas voces dentro de la teología está operando como una terapia de choque que va horadando en lo profundo.¿Cómo emergen las teologías feministas, qué les preocupa? Los feminismos son doctrinas que defienden derechos sociales y políticos en las mujeres y que tienden a mejorar su situación a nivel mundial; además, plantean un giro en todo el discurso eclesial, en toda la teología, un giro que ya están asumiendo las distintas disciplinas (académica, filosofía, psicología, antropología, sociología...).

En esta línea lo primero que destaco de los feminismos en cuanto terapia de choque es que están preocupados por la relación entre el varón y la mujer ¿cómo nos formamos la imagen de la humanidad, de dónde sacamos toda esta subordinación que hemos justificado de muchas maneras? Hoy ninguna disciplina académica seria se atreve a tratar el problema de la humanidad y del ser humano con independencia de un análisis interdisciplinario y sin tener en cuenta el análisis de género. En teología nos atrevemos.

Quiero recordar tres momentos del nacimiento de las teologías feministas en sentido bíblico, remontándome a mujeres bíblicas, para que nos ayuden a entender cómo son terapia de choque en cuanto que abren horizontes, plantean cuestiones que no se han dado, nos hablan de otros modelos de vida, etc.

El primer momento llevó a las mujeres a levantarse de la tierra; a preguntarse qué relación guardaban los sexos con lo humano. Cuando iban tomando conciencia y esta temática iba siendo iluminada a través de la Biblia, también analizaron toda la patrística, (donde la mujer era puertas del infierno, varón frustrado....), analizaron lo que decía la teología clásica y se dieron cuenta que era fundamentalmente androcéntrica y que eso también se traducía a las estructura eclesiales, de forma que la iglesia compartía esa visión de la mujer en toda su estructura.

En este primer momento se dan cuenta que hay que levantarse y erguir la cabeza y empezar a confesar la propia fe. Recordemos el pasaje de Lucas 13, 16-17, “la mujer estaba encorvada” ¿qué quiere decir esto? Que no podía mirar el mundo sino desde la perspectiva que le habían impuesto, y habla Lc, “un espíritu que la poseía y no podía en ningún modo enderezarse”; es decir, su lugar de referencia estaba restringido al suelo. ¿Cuáles son los posibles demonios que podrían ser la causa de esa situación?. Esta mujer silenciada también tenía un proceso de dinamismo porque acude a Jesús. Jesús ha sido capaz de leer el deseo inexpresado de aquella mujer y toma la iniciativa para liberarla, transgrediendo la ley del sábado y muestra su fuerza liberadora, le devuelve su libertad y su dignidad, la libera del sometimiento, del encorvamiento a la que le tenía sujeta el espíritu del mal y finalmente le impone las manos. Jesús entra en contacto corporal con ella, Jesús transgrede nuevamente la ley y aquella mujer se endereza y comienza a alabar a Dios.

En el segundo momento la mujer toma conciencia de la historia, de su historia, y se da cuenta que esto está fijado supuestamente en las cualidades femeninas y los modelos de educación recibidos, que también ha fijado las cualidades esenciales del varón. Las mujeres se dan cuenta que hay múltiples factores que han condicionado su trayectoria y se preguntan qué aspectos de la historia de la salvación han sido contemplados exclusivamente desde la perspectiva del varón. Tenemos mujeres que, como Ruth, la profetisa, busca un mundo en donde el rico y el pobre puedan intercambiar lugares, o como la juez Devora, que se propone crear un mundo donde los últimos sean los primeros y viceversa, o como la comandante Judit que insiste como Jesús en un mundo en el que las mujeres hagan lo que hasta ahora únicamente ha sido aceptable para los varones, o como Ester, la salvadora del pueblo.... Estas mujeres estaban haciendo historia de salvación.

Hay un tercer momento cuando la mujer ya siente que puede ser sujeto de su propia experiencia de fe, que puede ser interlocutora digna de Dios, que puede crear teología y formularla. Nacen los lazos de solidaridad entre las mujeres y otros modelos de relación. En el tercer momento, la mujer sabe que tiene una voz y que tiene algo que aportar, es sujeto que hace teología.

Tenemos, por tanto, tres momentos fundacionales de las teologías feministas ¿han operado como terapia de choque? ¿Qué resultados se pueden ver al nivel eclesial después de 30 años? ¿Qué signos hay que redescubrir? Yo creo que las mujeres se han descubierto y se han podido nombrar a sí mismas y han podido descifrar la multiplicidad de discriminaciones que viven en todos los ámbitos. Hemos partido de una tesis exclusivista, donde todo lo definían los varones, que ha durando unos veintiún siglos; por eso en medio de esa panorámica donde de distintas maneras se nos ha convencido de la inferioridad, minoría de edad, necesidad de subordinación, etc., el avance de la mujer se ha dado, aunque parezca que todavía falta mucho. En ese panorama, hemos internalizado una imagen de un Dios omnipotente; casi toda la teología necesita ser revisada, reformulada en sus imágenes, conceptos, lenguajes, celebraciones litúrgicas....

Quiero terminar con una parábola muy interesante, el árbol del bonsái, escrito por una mujer. Las mujeres en esta invención que están generando en liturgias, en todo, están descubriendo una serie de cosas y expresándolas tan bellamente....

 

Parábola del árbol del bonsái

El árbol del bonsái había sido plantado en una atractiva maceta, podría haber crecido hasta 8 pies (unos 4 metros) de alto al lado de la montaña hasta que fuera rasgado o rajado por algún relámpago. Pero un cuidadoso jardinero lo podó y ahora sólo mide 9 pulgadas (unos 25 cm) de alto. Cada día mientras recontaba sus ramas, el jardinero canturreaba: es tu naturaleza ser confortable y de fragilidad doméstica ¡qué suerte tienes, pequeño árbol, por tener una maceta para crecer adentro de ella!. Con las criaturas vivas tenemos que comenzar muy temprano para empequeñecer su crecimiento, incapacitar su cerebro, rizar sus cabellos y atar las manos de todo aquello que quieran alcanzar.