¿Qué aprendemos en Catecodef?

 

A ser personas según el modelo Jesús de Nazaret. Lo que supone en primer lugar creer; es decir sentir que los relatos evangélicos tienen mucho que ver con nuestra vida y el sentido de la humanidad. Y como creer no es fácil procuramos cultivar esta dimensión de la vida humana.

 

Creer es conducir nuestras posibilidades humanas a su realización más completa. Así al menos nos lo parece desde una actitud muy abierta a otros humanismos y propuestas de plenitud. Nos consideramos gentes racionales y críticas. Sentimos como el que más la incertidumbre ante el enigma o misterio de la condición humana, la felicidad y el sinsentido de dolor, las explicaciones de la ciencia y la utilidad del sentido común, y en el interior de todas esas actitudes obvias nos inclinamos a valorar las palabras y los hechos de Jesús de Nazaret como mejor respuesta.

 

Aprendemos gustosamente que la mejor felicidad es la de ser enteramente para los demás como hizo él. Que el mundo liberado e igualitario que buscamos se revela con calor y color en las imágenes del reino que él nos ha transmitido.

 

Que desde él podemos vivir confiados y esperanzados; comprender algo, ya que no aclarar, el misterio de la vida, el cosmos y el dolor; superar nuestras limitaciones y errores porque en el fondo hay alguien que nos acoge gratuita e incondicionalmente. Este alguien o Dios que, tan llevado y traído en la historia humana, tan respetado y blasfemado, tan utilizado y combatido, se purifica de todas las interesadas atribuciones humanas en la expresión que de él hace Jesús de Nazaret.

 

Esta podría ser la caracterización de la vida creyente que ofrecemos a los chicos y chicas que vienen a Catecodef. Y como esta vida no es una realidad dada de antemano sino una elección a cultivar y más aun cuando se desarrolla a la intemperie en un terreno indiferente, necesitamos explicaciones, ánimos, prácticas, y sobre todo símbolos y vivencias, sentir y gustar esta manera de ser. Y eso es el conjunto de la catequesis.

 

Por ello presentamos como núcleo central la figura y la causa de Jesús. El es el sentimiento de Dios hecho persona humana. Desde el inicio del mundo. En la historia y en sus actores más débiles: mediante los contenidos de la Biblia, Antiguo y Nuevo Testamento, se va revelando esta presencia. Y en todas las gentes que desde la muerte y resurrección de Jesús hasta nuestros días se vincularon a su estilo de vida encontramos nuevas expresiones de ella. A partir de esta historia y desde la constatación de los problemas y proyectos humanos invitamos a los chicos/as a realizar su propia experiencia de Dios y del seguimiento de Jesús.

 

Esta experiencia transforma la persona y abre su dimensión moral, el deseo y la acción de favorecer la dignidad humana en todas las personas, de cooperar a su liberación y felicidad; y paralelamente la tarea de moldear la propia personalidad para el mismo fin.

 

Esta experiencia apunta también a un mundo de significados que el cotidiano entretejido de sucesos y cosas no deja traslucir. El ser humano y su desarrollo es todo un símbolo. No todo él consiste en lo que aparece. Vive de sentimientos íntimos, de expectativas inexpresadas, de intenciones imperceptibles. Y ese núcleo interior es su más propio yo. Buscamos que los chicos y chicas descubran esa profundidad de la vida. El corazón donde se acrisola lo inimaginable bonito y verdadero. Los sacramentos y la oración son las ventanas de esa interioridad del mundo, su gracia.

 

Y finalmente la comunidad, el gusto de la amistad y la comunicación en el pequeño y gran grupo de los que participamos en esto. En el que nos animamos y construimos prematuramente la fraternidad que deseamos para todos. Y con la comunidad, la Iglesia, las iglesias, las redes de solidaridad, las coaliciones de los esperanzados. De dentro y de fuera. Perteneciendo a ella e infiltrando sus rocas como cuando el agua se hiela en sus grietas para formar suelos sin fronteras.

 

Toda la vida es una formación de la fe en la medida que la explicitamos, nos la justificamos, la vamos poniendo en práctica. Y de toda esa vida en la catequesis acompañamos los años jóvenes. Desde los 7/8 hasta la mayoría de edad, 18/19 años. Son seis ciclos de 2 años, con dos momentos de recapitulación que marcan también un cambio de madurez y perspectiva. Al final de los dos primeros ciclos, 10/11 años, proponemos la incorporación personal a la comunidad en una Eucaristía que se suele llamar "Primera Comunión". Cada vez más la decisión de seguir ya no depende del crisol p/materno sino de uno mismo. Al cabo de otros tres ciclos, 18/19 años, el que desea seguir se incorpora a una comunidad "confirmándose" en su elección.

 

En este proceso hay contenidos que son más conceptuales, dirigidos a la asimilación racional. Están distribuidos por cursos y con esta doble perspectiva: "todo se ve en todo" "cada año se profundiza en algo". Queremos decir que por ej. Jesús, el Espíritu, la Eucaristía etc. no dejan de estar nunca en ningún ciclo, e incluso sesión, pero en algún curso se abordan específicamente con detalle.

Hay otros contenidos de carácter más actitudinal o prácticos que se ven en un continuo extendido durante todos los ciclos: la vida espiritual, oración, sacramentalidad, compromiso… requieren ir cociendo sin prisas la capacidad simbólica y la libertad.

 

Detallamos un poco más:

En el primer bloque de dos ciclos, y coincidiendo con la enseñanza primaria, y las experiencias en el cole, el deporte, la tele, iniciamos una visión sintética de todo el misterio cristiano en torno a la Pascua. Los conceptos clave son: Dios creador, Exodo, Amistad, Familia, Alianza, Fiesta, Pascua, Marginados, Clases sociales, Reconciliación, Bautismo, Jesús, Nuevo Testamento, Eucaristía o Comunión,…

En el segundo bloque, coincidiendo con la secundaria y los bachillerato o ciclos, se requiere una exposición más lenta y profunda de todo lo anterior a la vez que se amplían conceptos como: Mundo, Profetas, Jesús, Justicia, Vida, Bienaventuranzas, Valores, Resurrección, Pentecostés, Primeras comunidades, Iglesia, ONGs, Ecologismo, Carismas, Sacramentos, Espíritu Santo, Razón y fe…Al final al formación se convierte en reflexión teológica. Y con la mayoría de edad concluye la catequesis insertándose los jóvenes en las comunidades adultas para proseguir su formación teológica como educación permanente.

Como podéis observar esta programación huye de la inclinación a hacer de la catequesis una prolongación de la escuela. Ponemos por delante la vida, las experiencias personales y de grupo. Así la elaboración de la rica, diferenciada y siempre abierta opción de fe se hace en una síntesis de teoría y práctica, de razón y corazón, de decisión personal y de vida compartida. No olvidemos que la vivencia, el grupo, el agrado son los motivos que más acercan a nuestros chicos/as a la catequesis.