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MEMORIA DE C.C.P. ZARAGOZA

Concha Martinez

 

       Introducción 

        Reconstruir la historia de C.C.P. en Zaragoza es un ejercicio difícil.

        Se puede hacer una presentación "objetiva" de datos sobre la militancia o compromiso (palabras ahora caídas en desuso, cuando no despreciadas) social y político. Podríamos discutir mucho sobre el listado de nuestras antiguas fidelidades y pertenencias, pues todas las memorias son selectivas y el apoyo en documentos escritos no resolvería totalmente el problema: ¿se recogía todo por escrito?, ¿guardábamos todos los papeles? ¿y las transmisiones orales?, ¿y la vida que no se refleja en palabra escrita?

        El consenso sobre el análisis e interpretación de nuestras opciones se nos escapa y, por tanto, no podemos pretender mas que esbozar unas pinceladas muy amplias, como grandes manchas de pintura, o al modo impresionista, sin entrar en cualquier caso en los detalles del cuadro.

        Recordamos no sólo lo que pasó y desde dónde pasó, sino que recordamos "desde el presente", desde nuestro lugar ahora. E incluso sin poder obviar hacia dónde nos dirigimos, cuales son nuestras utopías actuales y la orientación de nuestro horizonte.

        Este preámbulo viene a modo de exculpación, pues somos conscientes de no poder atender a las múltiples y diversas memorias individuales que podrían reconstruir la historia de C.C.P. en Zaragoza.

        Esta no deja de ser "una" memoria, ligeramente contrastada y nada más. E incluso es también un tipo de memoria, la que recoge la vida más pública de comunidades: sus adscripciones políticas, sus militancias y compromisos.

        Pero podría haber optado por una memoria de la vida más íntima de nuestro recorrido comunitario recogiendo nuestros momentos felices en celebraciones de nacimientos, comienzos de vida en común, incorporación a la vida religiosa consagrada, etc. Sin olvidar las despedidas en las que hemos acompañado en el último viaje a amigos y amigas muy cercanos y queridos. De esta manera habría resultado una memoria de personas con nombre propio, de lugares y de emociones, de risas y de llantos, como dice la canción. Pero a pesar del nuevo papel que la irrupción de la mujer y su perspectiva, dentro de la perspectiva de género proporciona a la esfera de lo social y de lo cultural, no me atrevo a lanzarme por este camino, pues sorprendería a más uno y de una reconstruir nuestra historia a base de bautizos, bodas, ordenaciones, funerales, fiestas, alegrías, tristezas, ánimos y noches oscuras. Dejémoslo para las reuniones menos numerosas, más propicias a que aflore el mundo sensible y de los sentimientos y ciñámonos ahora a lo que se espera de una intervención seria y distante.

        Pero no me voy a privar de un último apunte personal que creo justifica el por qué estoy yo hablando de nuestra memoria. En primer lugar se trataba de que hubiera presencia femenina , de la famosa cuota de la mujer, porque sino resulta muy extraño que en nuestras comunidades el desequilibrio de componentes femeninos y masculinos se escora a nuestro favor: Somos más mujeres que hombres en número, pero no en voz, porque seguimos delegando el uso de la palabra en ellos a los que siempre consideramos mejor preparados para esas tareas de dar la cara en público.

        Así que el primer dato a mi favor es mi condición femenina y el segundo es mi edad. Yo por mi edad pude estar allí en el 74. Y no es fácil de olvidar ni la fecha ni mi presencia en el primer embrión de coordinación de las comunidades eclesiales, todavía sin un nombre acuñado. En aquella primavera del 74 yo estaba embarazada de mi primera hija y asistía a las reuniones con signos notables de mi estado de buenaesperanza. Una vida se gestaba dentro de mi y una experiencia nueva de ser Iglesia se gestaba a mi alrededor, simultáneamente. Iniciaba de este modo mi comunidad de Torrero I una presencia en la Coordinadora cargada de simbolismo, pues no en vano las compañeras que me sustituyeron en la coordinación también se emabarazaron, dando lugar a toda clase de bromas sobre el poder fecundador de los espacios sagrados.

Bien tras esta introducción vamos a entrar en materia

 

Primeros pasos

        Comunidades arranca en Zaragoza su caminar en el franquismo; franquismo final, sí, pero franquismo; con todas las connotaciones políticas que una dictadura conlleva.

        Las primeras reuniones del embrión de coordinación tienen lugar en la primavera del 74 y no habremos olvidado que Franco muere en noviembre del 75 y que todavía en septiembre de ese año 75 se ejecuta a cinco hombres: tres de ETA y dos del FRAP, en medio del clamor popular e internacional pidiendo la conmutación de la pena capital.

        Nacen además las comunidades en un contexto eclesial dominado por el nacional catolicismo, o lo que es igual, la connivencia profunda entre la Iglesia-institución y el poder político. Los obispos-procuradores en las Cortes franquistas, son expresivos de esa alianza Iglesia-Régimen. En nuestra propia Iglesia local contábamos con uno de ellos: el arzobispo Cantero Cuadrado, a nivel de anécdota nos hacía “gracia” el mausoleo que en vida se hizo construir en su pueblo natal: Carrión de los Condes. Yo creía que formaba parte de esas noticias, muchas veces agigantadas para construir la mala imagen de un personaje. Pero no, el mausoleo existe. Yo lo he visto. Es de ese tipo de monumentos más propios de los señores de este mundo que de los pastores de la iglesia de pleno siglo XX.

        Voces aisladas y minoritarias rompían esa imagen de Iglesia de derechas, tradicional y conservadora: Tarancón, Iniesta, a nivel de jerarquía; parroquias de barrios obreros, con sus curas a la cabeza, se alineaban en contra de la situación; y muchas de esas iglesias eran el último refugio que le quedaba a la clase trabajadora para poder expresar sus reivindicaciones: asambleas y encierros se celebraban en iglesias de la periferia de las grandes ciudades, así como en ciertos pueblos: caso Fabara. Fue precisamente la decisión de Cantero Cuadrado de suspender al cura de ese pueblo por sus opciones nada ortodoxas en la Iglesia del franquismo la que dio pie a la primera coordinación eclesial para responder de forma organizada a lo que era una agresión directa a cualquier disensión dentro de la iglesia.

        Sin embargo, en ese caldo de cultivo creo que una opción meridianamente clara era no hacer desde C.C.P. una iglesia de izquierdas como reacción a tantos años de sometimiento.

        Queríamos ser una Iglesia del pueblo que viviese su compromiso sociopolítico con las mediaciones que el pueblo y la sociedad tiene y tenía: partidos, sindicatos y organizaciones populares.

        A diferencia de otras opciones en las comunidades del estado español, las de Zaragoza nunca firmamos comunicados políµticos ni pertenecimos en bloque a una misma opción política. Pluralidad que hoy sigue vigente. Y que luego comentaremos con los datos de la encuesta.

 

El compromiso

        Las comunidades van formándose en los barrios zaragozanos, integradas por clases trabajadora o gente que, desde la clase media, había realizado una opción de clase y se había instalado allí.

        Los barrios eran, dentro del discurso ideológico de entonces, una lugar de acción privilegiado. Allí se completaba el ciclo de explotación sobre la clase obrera por parte del capital, y se podía llevar a cabo en las labores de concienciación una metodología bien querida por nosotros: el asamblearismo, el trabajo de base, alejado de la férrea estructura de los partidos, en aquel entonces de "el" partido. Con un centralismo democrático del que muchos aborrecíamos o al que otros acusaban de revisionismo desde su militancia en opciones mucho más izquierdistas.

        Podemos abrir aquí una variedad de interpretaciones sobre qué marcó nuestra afiliación minoritaria a partidos políticos.

        Obviamente estamos aún en la clandestinidad y con todos los riesgos que esto acarreaba. Incluso las primeras asambleas de C.C.P. se desarrollaron con las técnicas de no desvelar el lugar escogido hasta una o dos horas antes de la cita. Todavía en la transición, la policía asesinaba a militantes por realizar pintadas: Berdejo en Málaga, Basanta en Zaragoza.

        Volvamos a las interpretaciones:

        Podía ser la herencia de mayo del 68, queriendo saltar por encima de los esquemas políticos clásicos y reivindicando la anarquía que también creíamos percibir como sintonía de fondo en las narraciones evangélicas. Al fin y al cabo Jesús no se afilio a ningún partido de su época. Ya se que esto es una perogrullada porque no existían, pero sí que tenemos constancia de la existencia en la sociedad judia de grupos organizados de oposición a la dominación romana como los zelotes. Jesús no era uno de ellos.

        Podía ser un exceso de purismo inconformista pero desvinculador de un compromiso formalizado y concreto. La realidad era imperfecta en sus concreciones y no queríamos mancharnos las manos optando por ninguna de ellas.

        Podía ser un intento de universalismo. Los cristianos debíamos ser fermento de unidad entre las distintas opciones partidistas de la clase obrera que era, sin lugar a dudas todavía entonces, la que iba a realizar la revolución.

        Quizás un poco de todo, de modo que la afiliación a partidos se materializó en los setenta y comienzo de los ochenta en un reducido grupo de personas que militaba en dos pequeños grupos de la extrema izquierda: Partido de los Trabajadores, antigua Larga Marcha Hacia la Revolución Socialista, y Organización Revolucionaria de los Trabajadores que, con el tiempo, llegaron a fusionarse bajo las siglas P.T. Partido del Trabajo , con la impresión de haber avanzado un buen trecho en la construcción de la izquierda, siempre con el estigma del cainismo a sus espaldas. Estaba también su correspondiente organización sindical afín: la C.S.U.T, en la que se militaba más mayoritariamente que en las comisiones obreras. Concurrió el PTE a las primeras elecciones municipales, alcanzando el inimaginable resultado de dos concejales.

 

Inserción sociopolítica

        Sin duda la presencia fuerte de los miembros de C.C.P. fue en el movimiento vecinal. Allí nos movíamos como pez en el agua. Primero en la clandestinidad, a través de los Comités de Barrio, y luego ya, avanzada la transición, a través de las AA.VV., antiguas Asociaciones de Cabezas de Familia creadas por el franquismo.

        Llegó a haber en los primeros ochenta un copo de las presidencias de las AA.VV. más significativas: hasta seis de ellas estaban presididas por personas de C.C.P.

        El espacio de los barrios se compartía con el Movimiento Comunista, que llegaba a nombrarnos, con gran cabreo nuestro, como el Partido Cristiano. El entendimiento era fácil y se traslucía en la composición del Secretariado de la F.A.B.Z. El primero de ellos, presidido por dos hombres de comunidades en la secretaría; el resto, dos del M.C. y uno del P.C.E., en aquel entonces en estado latente en las AA.VV.

        Se trataba de un movimiento reivindicativo desde lo más elemental: asfalto y alumbrado, creación de centros educativos públicos, consultorios (que no Centros de Salud), transporte público ... Y que también abordaba problemas de más calado, como fue la participación posterior en el movimiento pacifista y ecologista, así como en la solidaridad internacional, aunque ya para esas alturas la democracia se había afianzado y los militantes iban abandonando el espacio vecinal, bien por afiliación a los partidos ya legales (P.C.E ó P.S.O.E.), bien por su incorporación a las nuevas militancias o por simple replegamiento hacia el ámbito privado (desencanto).

        ¿Y el movimiento sindical? En los setenta, siguiendo con la línea asamblearia, se participaba a través de los Comités de Empresa, también de la mencionada CSUT y otro sector vinculado a CC.OO. Todavía no se había legalizado a los sindicatos y todo se trabajaba desde la clandestinidad. Sí que existía el Sindicato vertical, dentro de la estructura del régimen franquista apoyado en tres células básicas: familia, municipio y sindicato. Huelga decir que la postura ante esa estructura sindical era de boicot a todas sus propuestas. A lo largo del tiempo, con la legalización de las centrales sindicales de clase el nivel de afiliación a las mismas (CC.OO., U.G.T. y U.S.O.) ha aumentado, sin llegar a ser nunca fuerte, si bien hay miembros de CCP en puestos de responsabilidad.

        Entre las nuevas militancias, por orden de aparición e importancia, están:

        El Colectivo por la Paz y el Desarme, que cobró gran fuerza en Zaragoza por la presencia de la base yanki y por el referendum anti OTAN. Entre las caras visibles del Movimiento Pacifista estaba miembros de C.C.P. y la participación del resto era unánime. La marcha anual contra la presencia yanqui en la base aérea de Zaragoza era ya una fiesta-encuentro que quedaba incorporada a nuestras celebraciones como una más.

        También fue fácil el apoyo a la causa ecológica, si bien en este apartado no se produjo la unidad y presencia que generó el tema de la paz.

        La sintonía con las revoluciones populares en Nicaragua, El Salvador y Guatemala, en las que las comunidades eclesiales centroamericanas jugaron un papel protagónico que les llevó en numerosas ocasiones al martirio, desde sus obispos a los delegados la palabra, hizo que también vibrásemos en las organizaciones de solidaridad internacional, bien apoyando las específicamente cristianas, como el Comité Oscar Romero, o creando otras nuevas, como A.S.A.(pese a que es una organización no confesional, la presencia de gente de comunidades ha sido fuerte en su mantenimiento y labor). Apostábamos por una solidaridad, principalmente con Latinoamérica por la cercanía de la lengua común de ida y vuelta, con la fundamentación teológica de Pablo en el “Conllevaos mutuamente”, después desarrollado por J. Sobrino reclamando una paz vinculada a la justicia. Con el convencimiento de que somos absolutamente dependientes Norte y Sur, que nuestro nivel de vida, del Norte se construye sobre sus carencia, las del Sur y que en palabras de Ellacuría debemos desclavar al pueblo crucificado hoy. Hoy gracias a la presencia de amigos y amigas muy cercanos en Africa y Asia, ciertos países, a través de rostros y nombres concretos, cobran vida y sentido para nosotros y nosotras.

        El Movimiento Feminista consiguió una adhesión muy minoritaria, pero los temas del feminismo sí que se desarrollaron desde las Comisiones de Mujeres de los barrios entonces, y desde el grupo de Teología y Mujer nacido al final de los noventa. El éxito de la convocatoria de la charla de Ivonne Gevara nos puede hacer pensar que éste es una frente en alza y expansión, que las mujeres nos sentimos convocadas por nuestra propia condición femenina y dispuestas a luchar por nuestra dignidad dentro de la iglesia.

        Un fenómeno nuevo aparecido en los noventa con mucha más fuerza, aunque ya estaba presente a finales de los 80, es la priorización de los proyectos sociales, de la acción social, directa. Se comienza a entender lo sociopolítico desde nuevos modelos de análisis: el progresivo aburguesamiento de la clase trabajadora, el neoliberalismo que propicia la emergencia de una sociedad dual que produce a los excluidos como los "últimos" de nuestra estructura económica, y que a través de múltiples manifestaciones: gitanos, inmigrantes, drogadictos, minusválidos, enfermos de SIDA, jóvenes y mujeres en situación de precariedad acercan hasta nuestras propias realidades lo que en nuestro discurso teórico queremos realizar: la opción por los más pobres y olvidados. De modo que, lo que antes habíamos desechado por paternalismo y asistencialismo cobra nueva vida como urgente y necesaria "acción social". Muchas de nuestras reuniones generales las habíamos dedicado a la confrontación entre las luchas estructurales o coyunturales, asistencialismo o transformación social, poner tiritas o agudizar las contradicciones..... para finalmente resolver las tensiones con una síntesis en la que la acción directa tiene sentido siempre que se enmarque en una revisión crítica del sistema económico y político que genera las exclusiones.

        Y a través de las AA.VV. u otras estructuras asociativas se inicia, o continúa , con más fuerza en algunos casos, la puesta en pie de proyectos sociales que atienden a poblaciones desfavorecidas, como jóvenes o mujeres en situaciones de precariedad, deficientes físicos o síquicos, inmigrantes ... Recordemos que el encuentro internacional de Paris en el 92 se celebró bajo el lema de los excluidos, preocupación ya generalizada a nivel de todo el movimiento de comunidades europeo Un objetivo común en todos estos proyectos sociales: crear tejido social, crear redes, no perder el sentido crítico y reivindicativo.

 

Hasta hoy

        Vamos a dar una salto para colocarnos ya en el 2000, e ir acabando con este recuerdo

        Quisimos poder presentar una fotografía de nuestra posición actual en lo social y lo político y por ello elaboramos, de forma precipitada y con numerosas lagunas, una encuesta que se contestó de forma mayoritaria. Los resultados los vamos a ver ahora contrastados con los que se concluyeron en el estudio de las bases del 89.

VINCULACIÓN Dirigente Responsable Cotizante Colaborador Totales
ORGANIZACIÓN 1989 2000 1989 2000 1989 2000 1989 1989 2000
Partido Político 3 0 3 4 8 10 8 22 14
Sindicato 3 2 12 15 25 12 1 41 29
AA.VV. 3 1 9 26 30 45 8 50 72
ONG 3 1 5 14 34 24 15 57 39
A. Antimilitarista - - 1 5 5 27 5 11 32
A. Ecologista - - - 2 21 9 8 29 11
A. Acción Social 3 16 11 42 30 45 7 51 103
A. Cultural 2 8 7 13 13 19 7 29 40
A.PP/MM:AA 5 1 2 12 14 17 7 28 30
A. Feminista 2 - - - 2 - 5 9 -
Otras AA. Civiles 1 1 - 10 3 6 5 9 17
Otras AA. Iglesia 6 13 8 25 16 22 16 46 60

        Es difícil a la luz de estos resultados pensar si nos ha hecho mella el pensamiento postmoderno o si hemos sabido reelaborar los nuevos modelos culturales con nuestras antiguas creencias, o si en el fondo como nos propone el Eclesiastés no hay nada nuevo bajo el sol y en la sabia aceptación de la alternancia entre los tiempos de sembrar y recoger, de llorar y reir de abrazar y de separarse está nuestra fundamentación más profundamente cristiana: La esperanza en que nuestras vidas están en las manos de Dios, que ante nuestras vacilaciones, miedos o cansancios nos ofrece su misericordia inagotable y que para sentirla y vivenciarla nos tenemos unos y otras en el amor de su hijo y en la fuerza de su Espíritu.

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