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Microteología A propósito de la fe razonable

Muchas expresiones y recomendaciones del Evangelio que sustenta nuestra fe contradicen nuestro sentido común. Su lógica o racionalidad no es la coherencia de los argumentos. Las llamadas evangélicas a creer y amar buscan dinamizar las motivaciones profundas que anidan en lo que llamamos el corazón

Desbordar la lógica de la moral

P.Ricoeur

Jesús no formula como los moralistas una norma general; parte de una situación particular, y la hace estallar en lo que calificaríamos de respuesta excesiva. Es un caso muy raro dar una bofetada a un hombre o incluso a un niño. Concedamos, sin embargo, el hecho. Pero lo que resulta más inaudito es decir que hay que ofrecer la otra mejilla con lo que esto puede significar de entrega del débil al albedrío del poderoso. El segundo mandato exige que el pobre al que le piden en juicio el manto, entregue incluso la camisa y acepte la desnudez total. El tercer ejemplo se refiere, probablemente, al caso de los trabajos forzados y exige, con riesgo de agravar la servidumbre, que quien sea obligado a llevar un fardo haga todavía dos millas más de las impuestas. El último mandato, no menos extremoso, exige la aceptación benevolente del sablazo con olvido incluso del propio futuro.

Esos mandatos pretenden llevamos a la aceptación de esos ideales como una meta a alcanzar. Cada uno de ellos rechaza la reacción instintiva y espontánea de devolver golpe por golpe. Pienso que esos mandatos rotundamente excesivos buscan sólo invertir la forma normal de vivir, de pensar y de comportarnos.

La acumulación de casos particulares y de soluciones extremosas no quiere ser una norma de comportamiento prudente, inmediata y literalmente aplicable, sino una sugerencia, por medio de ejemplos adecuados, de un nuevo estilo que entra en conflicto con comportamientos concretos, pero sobre todo con los criterios globales de la vida de los oyentes. En otras palabras pone en cuestión la lógica de nuestra ética ordinaria. Más aún, la extremosidad nos impide descender a casuismos en concretas situaciones legales, morales, sociales o políticas. Los casos citados no tienen la claridad de la ley ni de ellos se desprendo nada que sea exigible por la doctrina o la legislación. En vez de enseñar por medio de la regla, Jesús enseña por medio de la excepción.

No es que Jesús nos deje sin dirección. Me parece que Jesús busca desorientar a fin de orientar. Igual como ocurre con otros ejemplos de lenguaje extremoso, hiperbólico o paradójico como la imagen del camello que entra por el ojo de la aguja o de la viga en el ojo o ciertos desenlaces de algunas parábolas. A mi juicio, con esos artificios retóricos Jesús pretende reorientar más la imaginación que la voluntad. La imaginación es la capacidad de descubrir un nuevo camino al ver una nueva perspectiva de las cosas; el poder de alcanzar una nueva pauta por la recepción de la enseñanza de la excepción.

A mi juicio, esas palabras extremosas de Jesús imprimen a nuestra imaginación ética no una norma o regla concreta, sino lo que antes llamamos un estilo que se puede resumir en una especie de exceso de la respuesta en relación a la que se esperaría normalmente. Cada respuesta da más de lo de lo que pide la prudencia ordinaria. Y es ese dar más, lo que a mí juicio constituye la chispa de esos mandatos extremos, en los que juega la misma lógica que se halla en las parábolas, los proverbios o las parábolas escatológicas de Jesús.

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