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Microteología EL HIJO PRODIGO

LUCAS 15, 11-27
(Versión de Ricardo para la catequesis)

Aquí vemos a un padre que tenía dos hijos. El mayor estaba en la Universidad y llevaba muy bien sus estudios. Pero el pequeño, no hacía mas que repetir curso y estaba desquiciado. Se pasaba los días de juerga, jugando en las máquinas tragaperras, y haciendo gamberradas de las gordas a todo el mundo. Hasta que un día, va y le dice a su padre: Oye padre, a mí este rollo de los estudios no me va; así que dame el dinero que te pensaban gastar conmigo y me monto algún negocio para vivir a mi manera. El Padre se lo dio. Y a los pocos días, el hijo se marchó al extranjero. Quería ver mundo y pasárselo en grande.

Pronto derrochó todo el dinero en los casinos de juego y metiéndose en líos de todas clases, hasta le dió por la droga... Total que en poco tiempo, se encontró sin un duro. Empezó a pasarlas moradas. Y no tuvo más remedio que ponerse a trabajar fregando platos y sacando las basuras de un bar. Y muchos días tenía que comer de las sobras, porque con lo que le pagaban no podía vivir. Entonces fue reflexionando. Y pensó: Con lo bien que podría estar en casa, estudiando y mientras, aquí estoy, malviviendo y muriéndome de hambre. La verdad es que me he portado como un cochino con mi padre. No sé si querrá ni verme. Pero yo me vuelvo a casa y le diré: Papá, me equivoqué, he vivido como un perdido y no merezco llamarme hijo tuyo. Estoy dispuesto a cambiar de vida.

Cuando el padre le vio aparecer, de lejos aún, salió corriendo a abrazarlo y le llenó de besos. El hijo empezó a decir: Papá, yo... Pero el padre ni le dejó seguir; le compró ropa nueva (porque venía hecho un desastre) y enseguida, a los amigos a una. comida, para celebrar la vuelta de su hijo. Les decía a todos: ¡Dame la enhorabuena! porque he recuperado este hijo mío, al que ya daba por perdido.

El hijo mayor estaba en la Universidad. Al volver a casa y oir la música de la fiesta, le preguntó a un vecino qué pasaba. Y él le contestó: Ha vuelto tu hermano, y tu padre está celebrando una fiesta, porque ha recobrado a su hijo sano y salvo. El se enfadó y no quería entrar. Salió el padre para convencerlo y el hijo protestaba: No hay derecho, a mí en todos estos años, estudiando sin parar y haciéndote caso en todo, jamás me has dado una fiesta como ésta y ahora viene ese hijo tuyo, que ha sido un sinvergüenza y tiras la casa por la ventana. El padre le respondió: Hijo mío ¡Si tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo! Además, había que hacer fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo se había muerto y ha vuelto a vivir, se había perdido y se le ha encontrado.

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