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Microteología Jesús

Hans Küng

Jesús no predicó teorías ni leyes, ni siquiera a sí mismo, sino el reino de Dios. Ciertamente no fue un hombre del establishment sacerdotal (saduceos). Fue un laico, sorprendentemente celibatario, y predicó no solamente que Dios es desde el principio el dueño del mundo, sino también que instaurará su reino futuro al fin de los tiempos.

No fue tampoco un revolucionario político (zelota); no proclamó una teocracia terrestre y nacional, política y religiosa, sino el señorío inmediato e ilimitado de Dios sobre el mundo.

Tampoco fue un religioso asceta (esenio o miembro de la comunidad de Qumran); viviendo entre los hombres, jamás creyó en un juicio vengador sobre los hijos de este mundo y de las tinieblas. Anunció el gozoso mensaje de la gracia de Dios, precisamente a los pecadores y a los sin Dios.

No fue, por último, ningún moralista piadoso (fariseo); sin ser un teólogo de la escritura ni tener disposición para la casuística, vio que el reino de Dios habría de llegar no por el cumplimiento fiel dc la ley, sino por la acción graciosa del propio Dios, que no espera del hombre más que una acogida confiada y el don de sí en la fe y el amor.

Jesús salta, por encima de todos los esquemas, tanto de la izquierda como de la derecha, de una forma provocadora; está más cerca de Dios que los sacerdotes y más libre ante el mundo que los ascetas, es más moral que los moralistas y más revolucionario que los revolucionarios; ha venido a cumplir la voluntad de Dios norma suprema e inmediata. Y ¿Cuál es la voluntad de Dios? Para Jesús, la respuesta es bien clara: el bien de los hombres.

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