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Microteología Perdón

Gerard Fourier
Una buena noticia liberadora

Ed. Sígueme pág 200

Podría definirse el perdón como una «transgresión» de la lógica de la medida; una transgresión en vi de la cual el otro o los otros son reconocidos y aceptados por encima de los conflictos. Cuando, al tomar el poder, los sandinistas dicen que su venganza será el perdón, se salen del habitual "toma y daca". Cuando, en una pareja, una de las partes decide renunciar a la defensa de sus «razones», para perdonar y pedir perdón, está transgrediendo la norma del cálculo de razones y sinrazones, con toda la a-racionalidad y los riesgos que ello supone.' Y en situaciones colectivas, el discurso del perdón tiene unos efectos muy similares. Pero, como sucede con toda transgresión, el perdón es visto con recelo y hasta con miedo por quienes han hecho de la defensa del orden establecido un absoluto '. El mundo «burgués», el mundo del cálculo y el mundo que domina los análisis (siempre «científicos», sean de izquierdas o de derechas) temen lo que de irracional tiene el perdón, y tienden a menudo a exigir una justicia perfecta antes de atreverse a festejar el encuentro y el amor de los seres humanos. Y así resulta que el eslogan «no es posible la fiesta sin justicia» es un eslogan ambiguo, porque, aunque es cierto que puede estar indicando el peligro de que se reemplace la búsqueda de la justicia por la fiesta (la cual no pasaría entonces de ser una farsa), sin embargo, tomado literalmente, dicho eslogan no conduce a ninguna parte: puesto que la justicia jamás será perfecta, nunca podrá haber fiesta. . Este «impasse», íntimamente ligado a la absolutización de los análisis, es transgredido por el perdón: los pobres celebran juntos la- fiesta siempre que pueden.

El mensaje del cristianismo gira en torno a esta necesidad del perdón. Jesús presenta la imagen de un Dios que perdona e invita a los seres humanos a hacer lo mismo. El Reino que Jesús proclama no tiene nada que ver con la fría justicia, sino que se sitúa en el marco de la cálida ternura de quienes se sienten aceptados con una gratuidad que trasciende toda medida. Por eso la mujer adúltera se ve libre de la lapidación legal, porque Jesús sugiere que únicamente aquel que no tenga pecado puede arrojarle la primera piedra. El sentido de la parábola del rey que perdona las deudas a uno de sus servidores, el cual, por su parte, pretende exigir a un deudor suyo que le devuelva hasta el último céntimo, es inequívoco: lo único inaceptable en el Reino de Dios es negarse a perdonar y a ser perdonado. Finalmente, las palabras centrales del Padrenuestro son: «Perdónanos nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores». Para el cristianismo, Dios no se sitúa en la lógica de la medida, sino en la dinámica de la «gracia», es decir, de una cierta gratuidad del amor. El cristianismo no es una religión de «justos», sino de «perdonados»; por eso responde a-una dinámica contraria a la lógica del chivo expiatorio: -para el cristianismo no hay pagano ni judío, amo ni esclavo, hombre ni mujer, ... aun cuando sea necesario analizar la sociedad en función de las categorías designadas por estas diferencias, estas tensiones y estos conflictos.

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