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Microteología

Teología Narrativa,
un modo de hacer
Teología Feminista

Chini 
Centro Pignatelli
Zaragoza. Nov. 1998

A las mujeres tradicionalmente les corresponde la pasividad la naturaleza, la impulsividad, la espontaneidad, el sentimiento, la sensibilidad, el pathos. Si en la lista añadiéramos el binomio especulación/ narración, les correspondería la narración. Y la circunstancia además señala que no sólo se trata de contraposiciones sino además de contraposiciones jerarquizadas. No sólo es un frente a frente, de un lado y del otro, es un arriba y un abajo, una jerarquía. En la que al principio femenino le toca ocupar la parte de abajo

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Pero sin extendernos más en este asunto, lo que yo quiero poner de manifiesto, al menos así es desde mi perspectiva, es que la narración es un modelo de estar en la vida y comprenderla más afín al principio femenino (con esto, como ya ha quedado dicho y me parece suficientemente claro, no afirmo que sólo sea atribuible a las mujeres). La narración, entendida como relato de lo que nos pasa, de lo que la gente sufre, vive, desea... es, a mi parecer, un punto de partida más vinculado actualmente al quehacer teológico de las mujeres.

Si la vida con sus vericuetos y jardines, con sus meandros e insubordinaciones, con su tozuda inclinación a no dejar de ser nunca vida, es esa línea intrazable a priori que dibuja biografías de personas y colectivos, de sistemas domésticos y cósmicos, es el conjunto de aconteceres y reacciones; el relato, mejor los relatos (no vivimos en un tiempo de historia sino de historias: "no me cuentes esa historia, «la historia es que..." , «estoy metida en mil historias"...) son narraciones que la cuentan. De forma más o menos certera, bella e inmediata. Pues bien, diríamos que cualquier reflexión posterior, cualquier elevación de pensamiento que tiene la pretensión de elucubrar a partir de la realidad de lo que pasa es una elaboración a partir de la narración más viva e inmediata (sin ser del todo no mediada). Lo narrativo tiene la misma legitimidad que lo especulativo, el mismo fundamento, pero más próximo.

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Este modesto empeño teológico se puede calificar, además, de feminista. ¿Por qué? Porque la Teología Feminista nace de la denuncia, progresivamente explicitada por pensadoras feministas, de tres ideologías sobre las mujeres: la mujer como propiedad, objeto o instrumento; la mujer como contaminadora sexual; la mujer idealizada en el ámbito de la privacidad.

Estas ideologías han legitimado modelos de dominación del varón sobre la mujer. El varón se concibe así como dueño, sujeto, agente; como ser contaminado por la mujer; como actuante único en la vida pública.

De estos mecanismos ideologizantes ni la historia del cristianismo, ni la teología se han visto libres. La teología oficial ha ido apoyándose en imágenes de Dios y categorizaciones teológicas demasiado masculinizadas. La mujer, considerada míticamente vehículo de pecado y peligro del que mantenerse a salvo, ha sido excluida de todo protagonismo en los discursos teológicos y destinada a funciones de segundo orden en las estructuras eclesiales.

La Teología Feminista se elabora a partir de la sospecha sobre estas construcciones que relegan o silencian a las mujeres.

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